Y tú, ¿ya te has divorciado de tus padres?

01/04/2014

En las últimas semanas he atendido varias parejas que comparten un problema similar, todavía no se han divorciado de sus padres. Este divorcio es el que nos permite conseguir madurar como personas y el que nos deja realmente libres y disponibles para formar nuestra propia familia. No se trata de una ruptura que suponga no tener relación con nuestros padres, ni mucho menos, sino un proceso que nos lleva a ser capaces de tomar nuestras propias decisiones sobre cualquier tema (laboral, lugar de residencia, pareja, amigos…) aún sabiendo que la decisión puede no coincidir con la que nuestros padres creen que es mejor para nosotros. Significa amar a nuestros padres y reconocer que nos han dado la vida y todo lo necesario para que hayamos llegado al punto en el que ya estamos preparados para alzar el vuelo y cometer nuestros propios errores. Como decía Bertold Ulsamer, sin raíces no hay alas.

Algunos ejemplos

Vamos a ver unos ejemplos:

Juan está casado desde hace un par de años y tiene un hijo de 6 meses. Trabaja en la empresa familiar y cada día tiene relación con su padre y sus hermanos, los problemas que tienen en la empresa son los mismos que tenían en casa, Juan que es el hermano pequeño siempre se ha sentido poco valorado y lo mismo le sucede en el trabajo. Su madre es ama de casa y cada día desayuna con ella, a la hora de comer también va a su casa y por la noche al llegar a casa la llama y se pasa un buen rato hablando con ella por teléfono. Además si tiene que ir al médico su madre es quien le pide hora y quien le acompaña. Las peleas con su esposa son frecuentes y encarnizadas y muchas veces terminan cuando ella hace las maletas y se va a casa de sus padres.

 

Laguna de las lavanderas. Foto de flickrcc.net

Laguna de las lavanderas de Eduardo Amorín. Fuente: flickrcc.net

María está casada también y vive lejos de su lugar de origen. Hace unos meses que es madre y desde entonces sus padres se han instalado en casa con ella y su marido, solo así se siente lo suficientemente fuerte, segura y acompañada como para ocuparse de sus bebés a pesar de que la situación tiene un impacto negativo sobre su relación de pareja. Hace un tiempo tuvo un roce con su suegra que todavía no han podido superar ya que su marido nunca se ha puesto de su parte, defiende a su madre y ni siquiera comparten el mismo recuerdo de la situación. Cuando no están de acuerdo en algún tema los dos se cruzan de brazos y ninguno de los dos está dispuesto a dar su brazo a torcer.

 

Aquí tenéis dos ejemplos de dos parejas que aún no han conseguido divorciarse de sus padres. El problema principal está en el hecho de que si no se produce este divorcio previo, cualquier relación de pareja que se establezca se convierte en un infierno y tiene los días contados ya que no es una verdadera pareja.

 

¿Cómo nos divorciamos de nuestros padres?

 

El proceso empieza prácticamente desde que nacemos. En los primeros meses somos totalmente dependientes pero poco a poco vamos descubriendo que hay más y más cosas que podemos hacer por nosotros mismos y la sensación nos encanta! De hecho a los 2 años ya se produce lo que los expertos llaman la primera adolescencia. Los niños se dan cuenta de que tiene cierta autonomía, empiezan a reconocer sus propios deseos y se enfadan mucho con los padres porque no les dejan hacer lo que quieren! Evidentemente los padres también sufren la situación ya que a los 2 años la consciencia del peligro no está muy afinada y no pueden dejar que los niños metan los dedos en el enchufe, crucen la calle sin mirar porque hay una paloma, o coman todas las chuches que quieran. Sin embargo es el primer momento de la vida en el que empiezan a confrontarse los deseos y preferencias de los niños con los deseos y preferencias de los padres.

Esta separación continua a medida que vamos creciendo y tiene su punto álgido en la adolescencia. Pasamos de adorar a nuestros padres, de tenerlos idealizados y pensar que lo saben todo, que son los mejores y que son insuperables a ir aceptando poco a poco que son personas humanas, que tienen defectos y limitaciones, que no siempre tienen razón y que lo que quieren para nosotros quizás no coincide con lo que nosotros queremos. Este proceso puede ser más o menos difícil según cada familia pero el sentido que tiene la adolescencia es el de ayudarnos a separarnos de nuestros padres, el de prepararnos para abandonar el nido aún sabiendo que dejamos atrás también su calor y seguridad para afrontar la incertidumbre. El proceso de bajar a los padres del pedestal para seguir amándolos a pesar de todo es el camino que nos lleva a la madurez personal.

 

"Diente de Leon, Dandelion." by Vicente Villamón

“Diente de Leon, Dandelion.” de Vicente Villamón. Fuente Flickrcc.net

¿Cómo sabemos que el proceso de divorcio de los padres no ha terminado?

 

Como en tantas otras cosas de la vida, ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio es un clásico. Sin embargo sabemos por expertos como Murray Bowen que elegimos como parejas a personas que tienen el mismo grado de separación de sus padres que el que tenemos nosotros. Si te preocupa que tu pareja no haya hecho este proceso, necesariamente vas a tener que preguntarte en qué punto te encuentras tú ya que es posible que estéis en el mismo punto del camino.

Vamos a ver cómo puedes reconocer que este proceso no está terminado:

– Puedes empezar a sospechar si a pesar de que lleváis mucho tiempo de relación, tu pareja no quiere presentarte a sus padres y sobre todo si llegado el momento sus padres no solo no te reciben con alegría sino que son claramente desagradables.

– Si cuando hay que tomar decisiones importantes tu pareja en lugar de consultarte a ti habla antes con sus padres y sigue todos sus consejos, tenéis un problema.

– Si sientes que tus suegros se entrometen en tu vida y tu pareja no solo no les pone freno sino que se siente atacad@ cuando le hablas del tema

– Si recibes críticas constantes de parte de tu familia política y sientes que tu pareja no te defiende, no se pone de tu parte, no los frena

¿Te suena más de una de estas situaciones? Pues ahora ya sabes qué es lo que puede estar fallando.

 

¿Y qué podemos hacer?

 

Pues como en tantos otros problemas el primer paso es reconocer que existe un problema para poder ponerle remedio después. Seguramente la adolescencia fue una etapa que por el motivo que sea no pudisteis pasar y hay que recuperarla. No se trata de salir por las noches y empezar a emborracharse pero sí de ir practicando una mirada más crítica o más realista sobre vuestras familias de origen. De ir pensando en lo que os gusta y lo que no os gusta de vuestros padres, de lo que querríais repetir de su relación de pareja y lo que no queréis copiar de ninguna forma, de reconocer sus limitaciones y los errores que pueden haber cometido…

Este es el camino que os permitirá casaros de verdad con vuestra pareja y empezar la vida de adultos. Si no os veis capaces ya sabéis, estamos aquí para ayudaros, llamadnos o escribidnos!

 

 

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Patricia Maguet Levy

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