19/01/2017

“¡Estos niños de ahora son mucho más espabilados que nosotros en nuestros tiempos!”, “Es impresionante la velocidad con que aprenden estos niños hoy en día”. Es verdad, la mente de nuestros hijos ya no es como la nuestra a su edad, así como la nuestra no era como la de nuestros padres. En los últimos meses parece que no se oiga hablar de otra cosa, pero de niños sobreestimulados se hablaba ya hace muchísimos años. Pero ¿a qué nos referimos? Te lo cuento en este artículo.

Niños sobreestimulados, ¿qué significa esta expresión?

Es opinión común entre los expertos la importancia de una estimulación temprana y adecuada en los niños desde sus primeros meses de vida, para que su aprendizaje se desarrolle de manera funcional y sana. De hecho, según las investigaciones del Dr. Aric Sigman, neuropsicólogo estadounidense, el cerebro humano, en particular el de un bebé recién nacido, es muy sensible a los estímulos físicos externos (véase por ejemplo la luz, el olor materno o el sonido de la voz materna). La cantidad de estímulos que le rodean y la manera de recibirlos tienen una gran influencia en el número y en la densidad de las conexiones neuronales que van formándose entre las células cerebrales, además de influir en la amplitud de los vasos sanguíneos que se extienden por la superficie cerebral. Asimismo, hemos visto en artículos anteriores la importancia de como esta estimulación debe estar acompañada por un vínculo afectivo de tipo seguro y estable entre el niño y su principal cuidador. En este sentido, esta relación tan estrecha de cariño y cuidado puede influir mucho sobre el desarrollo cerebral, su funcionamiento y sus dimensiones, para el futuro desarrollo cognitivo, emocional, afectivo y social del niño.

A pesar de estas fundamentales aportaciones, recientemente han sido muy debatidas a nivel internacional las posibles consecuencias de la sobre-estimulación infantil. Los niños desde muy temprano reciben un número muy elevado de informaciones e impulsos desde el ambiente externo que en un principio favorecen su desarrollo pero muchas veces lo sobrecargan. Un uso desproporcionado e inadecuado de las nuevas tecnologías desde muy pequeños y estilos de vida excesivamente frenéticos pueden desencadenar niveles de estrés muy altos y consecuentes episodios de ansiedad y agotamiento.

¿Cuál es el riesgo de la sobreestimulación?

niño jugando a la consolaniño jugando a la consolaniño jugando a la consolaEl riesgo de una sobreestimulación es que puede provocar lo que denominamos tolerancia. Es decir, el organismo se acostumbra a recibir con regularidad su dosis de estímulos, hasta que llega un momento en el que tal dosis no le satisface. ¿Qué hace entonces? Pues muy sencillo: buscar una dosis mayor. Los niños que viven este efecto se hacen cada vez menos sensibles a los estímulos del entorno, y necesitan cada vez más. Pueden desarrollar una conducta hiperactiva o problemas de conducta, en la búsqueda de otros estímulos, o se muestran desmotivados y vacíos mientras su imaginación y creatividad se van mermando. Les cuesta centrarse durante mucho tiempo en una misma actividad, y sienten que sus pensamientos se atropellan los unos a los otros. Es fundamental proteger a los niños de este bombardeo multimedial analizando y dosificando en el tiempo la cantidad de informaciones. Las nuevas tecnologías, a través de internet, son una ventana abierta hacia el mundo y fuente útil de conocimiento y aprendizaje, pero empezamos a enseñarles a nuestros hijos un manejo correcto y adecuado y, donde es posible, con nuestro acompañamiento.

El ritmo frenético de la vida cotidiana es otro elemento que puede influir negativamente sobre la salud y el bienestar psicológico de los jóvenes. Hoy en día los niños tienen en su agenda más compromisos y actividades de las que puedan tener sus padres. Además de la lista normal de deberes asignada por el colegio, los padres empezamos a añadirles clases para aprender idiomas, tipos diferentes de deportes, y cualquier otra actividad social que incremente en el niño sus habilidades personales y relacionales. Todo muy útil e importante en la sociedad contemporánea, pero ¿donde encuentran estos niños el tiempo para aburrirse?

¿Por qué es importante que los niños se aburran?

El aburrimiento forma parte de la infancia. El tiempo libre es tan importante como el estructurado. Cuando los niños se aburren tienen la oportunidad de explorar su mundo interno y externo, dando cabida a la imaginación y a la creatividad. Es el momento de pensar, inventar, crear y comprometerse con ellos mismos. A través del juego libre los niños pueden explorar sus propias pasiones, descubrir qué les gusta y qué no. Este tiempo es beneficioso porque es cuando los niños construyen su propio entretenimiento, necesitando de su propia iniciativa y desarrollando su inteligencia emocional. Citando al psicólogo humanista Carl Rogers, “a través del juego libre, los niños aprenden a desarrollar un centro de evaluación propio y personal, en vez de depender de estímulos externos para colocarse en el mundo y relacionarse con los demás. Si dejamos al niño en completa libertad para actuar y jugar, sin poner trabas a su desarrollo, todo lo que haga y aprenda siempre será correcto y bueno para él.”

¿Cómo podemos acompañar a nuestros hijos hacia un desarrollo sano y natural?

  • Es fundamental escuchar a los niños y observarlos desde pequeñitos, para explorar y valorar su unicidad y poder conocer y comprender cuáles son sus inclinaciones y sus intereses.
  • Es necesario ofrecer al niño la posibilidad de experimentar, fomentanniños jugandodo su curiosidad y su iniciativa. En este sentido el ejemplo de sus padres es fundamental muy importante, sus intereses pueden influir en las decisiones de los hijos, pero es importante darles a conocer realidades y experiencias distintas, para que sea el niño mismo a decidir.
  • Si por un lado es necesario que los niños prueben distintas actividades, es verdad que es importante transmitirles que la elección de una actividad respeto a otras conlleva una renuncia y un compromiso que debe de ser respetado y cumplido. Por esta razón negociar con ellos el tipo de actividad y sobre todo la duración de su cumplimiento es importante.

En conclusión, si el ambiente en el que viven nuestros hijos es seguro y adecuado a su edad, y sobre todo si tienen tiempo libre para jugar de forma espontanea y creativa, no hay porque preocuparse. No es necesario que los padres se hagan cargo de buscarles constantemente un número siempre mayor de estímulos externos para su aprendizaje, ya los encontraran por sí solos.

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Imagen 1: ‘Mr. The Frog Rocks the N810‘  http://www.flickr.com/photos/44124439915@N01/2382649589  Sacada de flickrcc.net
Imagen 2: ‘IMG_4274‘  http://www.flickr.com/photos/96209547@N02/14572937928 Sacada de flickrcc.net
Imagen 3: Chris_Parfitt via Foter.com / CC BY
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Francesca Cassisa

Sobre el autor

Francesca Cassisa

Francesca Cassisa es psicóloga clínica especializada en el desarrollo de los niños en su entorno familiar y en los principales contextos educativos. Es nuestra experta en infancia y adolescencia.

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