30/09/2017

Vivimos en compañía del estrés. A veces nos damos cuenta, otras no tanto, pero está. Existe un estrés bueno, el que nos mantiene activos y alerta para afrontar las exigencias de la vida, y está el estrés malo, cuando nos bloqueamos, estamos agobiados, cansados… el que a veces trae de la mano otra compañera: la depresión.

En compañía del estrés

También hay estrés en el sexo. Las tensiones, los nervios (aunque no seamos conscientes de ello) influyen en nuestra respuesta sexual, en las reacciones del organismo ante ciertos estímulos: por muy excitante que sea lo que tenemos delante, el cuerpo se bloquea si hay tensión. Pero… ¿qué puede provocar tensión y nervios en el sexo? Fundamentalmente, una actitud de marcar objetivos y vigilar que todo vaya bien, que hago lo que debo y siento lo que debo para llegar al resultado esperado: el orgasmo (mío o de mi pareja). Por el contrario, convendría aprovechar cada instante de la relación, sentir más que pensar, vivir el momento. Pero es complicado, y aquí enlazamos con la psicología actual.

Es difícil vivir el momento sin expectativas porque forma parte de nuestra psicología, más allá de lo sexual, es una filosofía de vida. La gente pensamos en resultados más que en explorar o jugar, perdemos la capacidad de sorprendernos, controlar nos da seguridad pero se vuelve en nuestra contra cuando por ejemplo evitamos el sexo por miedo a no reaccionar o sentir “como deberíamos”. Y en muchos otros momentos.

La psicología humana tiene dos cualidades muy importantes: la memoria y la imaginación. Obviamente nos ayudan en infinidad de circunstancias, pero en otras no. A veces actuamos con referencia al pasado y al futuro, recordamos algo que nos hizo sufrir e imaginamos que volverá a ocurrir. Si nos sirve para aprender y prevenir, evolucionamos, si nos sirve para cerrarnos y bloquearnos, perdemos mucho. A veces el futuro se presenta como una incógnita que necesitamos resolver de antemano, nos anticipamos y preocupamos por unos fantasmas (no funcionará, mi pareja me dejará, no le gustaré…) que capturan el momento presente y eliminan todo el placer que podría darnos.

Hay demasiados pensamientos impregnándolo todo, y muchos son fruto de la cultura donde nos hemos educado. La publicidad, el cine, los videojuegos y la televisión actúan como transmisores de valores y creadores de una psicología colectiva. Los niños aprenden que han de mantenerse siempre fuertes y las niñas que su poder radica en estar guapas. Si los chicos crecen pensando que un hombre siempre ha de mantener la erección, su autoestima se resiente cuando “fallan”, si las chicas se identifican con un modelo de belleza, pierden deseo sexual al verse más gordas o viejas. Esas identificaciones y expectativas influyen totalmente en el placer sexual.

A veces cada persona está librando una batalla en su interior que le aleja del contacto con su pareja, y puede llegar a destruir la relación si falta comunicación, entendimiento, comprensión mutua y trabajo en equipo. Es fundamental utilizar lo que en psicología llamamos comunicación no violenta: cercanía, calma, seguridad de que mi pareja aceptará todo lo que yo diga y no me juzgará por sentir lo que siento y yo comprenderé asimismo que no puede satisfacer todos mis deseos. Para llegar a este tipo de comunicación, conviene que miremos cada uno/a nuestros propios diálogos internos. A veces hay mucha confusión, varias opciones y no sabemos qué hacer, sentimientos que no entendemos o incluso rechazamos. Desde la honestidad y la valentía, hemos de mirar esa parte vulnerable, que en psicología llamamos “nuestro niño/a interior”, esa parte a veces confusa, asustada, que sufre y necesita calma y comprensión para poder evolucionar y mejorar, salir del bucle de la rabia o la culpa y reírnos de nosotras/os mismas/os un poco más. Sólo a partir de ahí veremos los resultados que buscamos.

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Patricia Maguet Levy

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